miércoles, 4 de agosto de 2010

A ESTA POLICIA NO SE LA RESPETA


Solo en la Comisión de Derechos Humanos hay 127 denuncias por maltratos y torturas en contra de civiles.

Awilhem Calero el infortunio lo encontró en la puerta de un banco y murió de la forma más absurda el 14 de julio pasado. Lo mató un escuadrón de las Águilas Negras de la policía. Fue a pedir ayuda a uno de los efectivos que custodiaban el Banco Continental de la avenida Faucett en San Miguel y terminó muerto en la parte trasera de la patrulla PL-6g85. Aún no se responsabiliza a nadie. Los efectivos PNP Carlos Candia, Marcial Soria y Danilo Fuertes serian quienes, sin que hasta hoy haya Una explicación, lo habrían reducido hasta causarle la muerte por asfixia. El hecho se produjo cerca a la una de la tarde. Tres horas después el cadáver de Calero terminó en una camilla del hospital Cesar Mongrut. Fue dejado alii por los policías que lo habían matado.
El domingo pasado, Karina Rondón se cruzó con la muerte cuando viajaba en un automóvil junto a su esposo Jorge Luis Vargas Villa. La ex bailarina de 33 años murió baleada por efectivos de la Divincri-Callao al tratar de proteger a su hijo. Al parecer, Vargas Villa tendría denuncias por robo agraviado y secuestro y seria parte de una banda de "marcas".

SUELTEN A LOS PERROS
Para hablar de cifras oficiales -aquellas que registran hechos denunciados- digamos lo siguiente: solo la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh) ha contabilizado 127 casos de abusos, torturas y excesos varios cometidos por la policía contra civiles. A continuación, los saldos de algunas de esas incursiones policiales en el terreno de lo censurable.
En febrero del 2005 a Juan Zamudio Bocangel le costó caro el haber roto, ebrio, los vidrios de una de las ventanas de la comisaria La Pascana en Comas. Zamudio terminó en el hospital de Collique con el rostro desfigurado luego de que los suboficiales PNP Cesar Chavez y Jorge Inga le propinaran una paliza hasta romperle los dientes y dejarlo policontuso y desmayado. ''A uno de los policías lo condenaron a siete años de pena efectiva por delito de tortura. Sin embargo, la Corte Suprema anuló la sentencia", señala el abogado Gustavo Campos de Comisedh .

LOS CONFUNDEN CON PANDILLEROS
En diciembre del 2007, Carlos y Luis Alberto Sanchez Cubillas fueron apaleados por la policía. Al regresar de una actividad familiar, los hermanos Sanchez Cubillas y sus esposas fueron interceptados por un grupo de pandilleros en San Juan de Lurigancho. Como estaban algo borrachos, lo único que se les ocurrió fue huir y pedir auxilio en una casa cercana. Uno de ellos rompió la puerta de triplay de la vivienda. Rabiosos, los propietarios llamaron a la policía. Al llegar los efectivos del Escuadrón de Emergencia de San Juan de Lurigancho redujeron a Luis Alberto golpeándolo en el abdomen.

EL CASO FUE ARCHIVADO: OTRA MUERTE IMPUNE
Ambos fueron traslados hacia la comisaría La Huayrona. En el patio de la dependencia policial los obligaron a arrodillarse con las manos en la cabeza mientras les mentaban la madre y los golpeaban en presencia del comisario mayor PNP Alberto Asplazu Romero. Los hermanos fueron liberados la madrugada del día siguiente. La denuncia del abuso le costó un sin fin de amenazas a la familia Sanchez Cubillas: "Vas a morir", "o sea que eres valiente y no tienes miedo a morir, te vas a fregar" fueron algunas de las llamadas que llegaron al celular de uno de ellos.
"Los subversivos fueron más compasivos que los policías que me detuvieron aquella madrugada", señala Murphy Cruz Bardales, quien fue capturado por un grupo de senderistas en 1991 en la Garganta del Diablo, Tingo Maria. Literalmente, Murphy vivió un infierno, en febrero del 2009, al ser detenido por seis oficiales de la Comisaria Laura Caller de Los Oliivos. Aquella madrugada volvía de un velorio. Se cruzó con un grupo de pandilleros, quienes le arrancharon los anteojos y un sobre con documentos importantes. Alterado, fue ala comisaria a pedir auxilio y hacer la denuncia. Uno de los efectivos, indiferente, le dijo que no había unidades para perseguir a los pandilleros y que regresara otro día. Murphy, quien estaba ebrio, se exalto ante tal respuesta. Un golpe en la parte trasera de la cabeza le dejó arrodillado en el piso de la comisaria. Inmediatamente, dos policías le colocaron las esposas. Uno de los efectivos lo tumbó tomándolo del cuello. Ya reducido, le pisaron la cara y al intentar levantarse le golpearon la espalda y los hombros, cayendo de rodillas. El agente inmobiliario fue golpeado por cuatro efectivos. Las fotografías tomadas después de la detención lo muestran con el ojo inyectado, con moretones en los brazos, espalda, rodillas.

TORTURAN A UN NIÑO
En marzo del 2008, a 12 kilómetros de Huancayo, un niño de 11 años fue torturado por dos policías que lo detuvieron por robar un celular. Los suboficiales Amillcar Orihuela y Elvis Pakin Reyes, de la comisaria de Sicaya sumergieron varias veces la cabeza del niño en un balde de agua fría hasta arrancarle la confesi6n. Mercedes Cabanillas, quien era ministra del Interior, dijo que "tomarían las medidas correctivas". Los suboficiales fueron trasladados a la Oficina de Seguridad de la Direcci6n Regional. Policial de Huancayo. Apenas fueron amonestados.
No se olvidan, tampoco, las crudas imágenes de los adolescentes de 16 y 17 años que fueron torturados por efectivos de la comisaria Apolo de La Victoria, en diciembre del 2009. Ambos fueron obligados a desnudarse y, sentados en el piso, fueron golpeados por los policías con sólidas varas hasta arrancarles la confesi6n del robo de otro celular.

SUICIDIO O ASESINATO?
El 11 de febrero del 2008, el comerciante de 36 años, Hugo Solórzano Cuevas, fue detenido en su casa tras empezar una discusión con su conviviente. Dos suboficiales de la comisaría de Jauja, en Huancayo, le pusieron los grilletes. En la comisaria, Solórzano, que había bebido la noche anterior, se resistió a su detención y terminó rompiendo el vidrio de una de las mesas. Enfurecidos los policías lo esposaron a los barrotes de la puerta del calabozo y Ie dieron de patadas y puñetazos hasta dejarlo inconsciente. Así lo declaró otro detenido del calabozo contiguo al de Solórzano. Horas después, uno de los policías dijo que habría encontrado muerto al detenido, colgando de los barrotes de su celda. Posiblemente se trataba de suicidio. La necropsia arrojó que Solórzano presentaba signos de haber sido golpeado salvajemente en la cabeza, tórax, brazos y piernas. La muerte no quedó del todo aclarada y ocho meses después, la madre de Solórzano pidió la exhumación del cadáver. Se realizó la segunda necropsia al cuerpo en descomposición de Solórzano y los resultados pusieron en duda la hipótesis del ahorcamiento. A través del peritaje se determinó que hubo fractura del hueso hioides (hueso que se halla en la base de la lengua y encima de la laringe. "Si hay fractura de ese hueso entonces fue estrangulamiento, es decir asfixia por mana ajena. Si no hay fractura, es ahorcamiento", dice Gustavo Campos. Sin embargo, el caso fue archivado. Otra muerte impune.


FUENTE: Diario "Hilderbrandt en sus Trece" 30-jul-2010

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